“Criterios de
verdad, responsabilidad e independencia en el ejercicio del periodismo en un
entorno controlado y regulado”.
Nadie duda que el periodismo en
Ecuador ha cambiado en los últimos años, ¿para bien o para mal?, sólo la
historia lo dirá. Todos los días los medios públicos y privados informan a la
ciudadanía según dicen de manera objetiva e imparcial, observamos por un lado a
los opositores despotricar contra las políticas del régimen, mientras por el
otro se enaltece las obras y proyectos que lleva adelante la Revolución Ciudadana.
No
es menos cierto que los grupos de poder manejan grandes medios de comunicación
no sólo a nivel nacional sino también internacional, estos inciden en los modos
de hacer política, gobernabilidad y democracia. Países como Venezuela,
Argentina o Ecuador han buscado cambiar este panorama, se enfatiza que los
medios privados desinforman y engañan al público jugando de cierto modo con su
salud mental. En nuestra nación el gobierno ha impulsado leyes como el de
Comunicación, ha creado organismos que buscan regular los contenidos que emiten
los medios, además cuenta con prensa, radio y televisión a su disposición en
pos de asegurar el éxito en la difusión de sus mensajes.
¿Qué
pasa cuando se traspasa la línea de la información a la manipulación?, “El gobierno se convierte en un productor de información, no responde las
preguntas de los periodistas, pero acusa y crítica, persigue legal e
ilegalmente al que piensa distinto, realiza campañas de difamación contra los
medios que no están con el gobierno, usan la publicidad oficial para
premiar/castigar/cooptar a periodistas y medios”. (Rincón, 2010)
El público en su mayoría
huye o busca aislarse de la manipulación mediática del gobierno y de los medios
privados, por lo que muchos estudiosos de la comunicación manifiestan que se
debe recuperar el periodismo de calidad al incentivar la investigación para de
esa forma dejar de lado el periodismo de propaganda. “Así, la responsabilidad
social de los medios tiene que ver con la obligación de dar una información de
calidad y ética: plural, equilibrada, verificada, sin censura previa, pero con
responsabilidad ulterior, independiente de todos los poderes, del político pero
también del económico, del mercado, de los anunciantes y poderes fácticos, pero
nunca independiente, como dice Javier Darío Restrepo, de los derechos de
quienes reciben esa información”. (CIESPAL, 2013)
La tan comentada credibilidad es cuestionada, todos los medios de
nuestro país se ufanan de llevar esta bandera, sin embargo en el fondo de esa
información que tanto el privado como el público difunden solo hay una verdad, la que el medio
considera que debe saber la ciudadanía. Una verdad a medias, tergiversada y
alejada totalmente de la realidad que en muchos casos incita al rechazo, al
odio o a la intolerancia.
